Ya me lo decía mi madre

Si es que ya me lo decía madre y al final tenía más razón que un santo. Y aquí me veo, en compañía de este imbécil y de los otros dos, que ya veremos dónde los vamos a meter y qué haremos con ellos, ¡pero a quién se le ocurre! “Búscate un cerdito bueno, serio, con su pocilga y su abrevadero bien puestos, no te vayas con el primer cerdo-mascota que conozcas, te prometerá el oro y el moro con su familia humana y luego pasarás el resto de tu vida haciéndoles gracietas para que te tiren dos castañas”.