Al habla Euríloco

Recuerdo que te presté un libro, La muerte de Virgilio. No me lo has devuelto todavía, pero nos hicimos novios, fuimos a vivir juntos y tuvimos una boda de pega, así que todo lo mío era tuyo y no te lo cogí de la estantería. Pensaba que era un año fabuloso, luego que fue un año bueno, y ahora que fue un año, sin más.

Ahora que ya no sé con quién estás, ni dónde vives y casi no recuerdo cómo era tu voz, desde tu biblioteca Broch sabe que no hay que fiarse de nadie que se llame Circe.