La capataza

«Yo no quería, bien lo sabe Dios, pero tampoco quise ser viuda y mire usté, dos años ya que Nuestro Salvador se llevó a mi Basilio, tan capillita y devoto, el mejor capataz…, pregunte, pregunte a los cofrades. En testamento me dejó esta encomienda, y cómo iba yo a negarme al cargo. Quia. Me dije: Felisa, en tu triste vida solo has mandao en las gallinas y los avíos del puchero, pues ahora vas a dar órdenes a veinte mozos costaleros pa que suban y bajen al son del llamador. Ea, la hora. ¡Tos por igual, valientes! ¡A esta es!»