Los idus de agosto

Debí haber sospechado algo de un pedido tan extraño: 44 flores blancas, ni 43 ni 45.

Nunca hacemos ramos acabados en cuatro -número de mal augurio en las islas-, y casi nadie usa el blanco -el color del duelo-, pero hice una excepción. Que hubiese que entregarlo en Higashi Otani también debería haberme puesto alerta, al fin y al cabo nadie hace enviar flores al cementerio, sino que las lleva personalmente.

Cuando el cuchillo me atravesó la garganta solo acerté a pensar con cierta vanidad que quizá estaba siendo la primera persona que lleva las flores a su propio funeral.

No habrá una sola cosa que no sea una nube.
Todo debe de ser cosa de viento y mentira.