Jugarse la vida

Para no subir la compra por las fatigosas escaleras de nuestro edificio, mi hermano y yo habíamos ideado un sistema algo rudimentario que consistía en un cubo, una cuerda y una ventana. A veces, con grandes compras, había que subir y bajar el cubo varias veces, pero eso siempre resultaba entretenido porque cuando nos veían de esa guisa los otros niños del edificio se asomaban por sus ventanas y trataban de quitarnos alguna cosa del cubo.

Topito, el del segundo, años después, diseñó un videojuego con una trama similar. Pero no era lo mismo. Aquello no era jugarse la vida.

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