Gorriones

Sed amables con los gorriones. Ese accidente de motocicleta entre Conde Altea y la Gran Vía se podía haber evitado. Todo ese fastidio de sangre y cristales rotos. Hugo, el piloto, pateó una deliciosa miga de pan a la salida del despacho y ahí fue que se mató. Porque los gorriones son escuadrones de la muerte que recorren la ciudad recolectando nombres y caras. Después, al caer el sol, en una placita de tierra a resguardo de la iglesia de San Agustín, pían para la vieja moira Átropos todo lo que han visto. El resto son tijeras que se cierran.