Un día malo lo tiene cualquiera

Un día malo lo tiene cualquiera. Toda la mañana persiguiendo pulpos entre las rocas y acabar la faena con las manos vacías. El tipo se sentó a furmar un pitillo mientras pensaba qué hacer, no podía ir con las manos vacías a casa. Entonces cayó un pulpo del cielo y fue a parar justo en la mesa de pesado. Apagó el pito y, asombrado y feliz por su suerte, se dispuso a pesar al octópodo cuando, de pronto, cayó otro, y otro, y sin parar lluvia de pulpos. Y así, de esta forma tan simpática, comenzó lo de los marcianitos.