La pesca del faro

La pesca del faro es peligrosa. La luz puede cegar a los pescadores y aunque no son animales agresivos, pueden hacer zozobrar el barco fácilmente. Hay que capturarlos con una lazada firme, pero que les deje respirar. Una vez atrapados, se les arrastra hasta la costa, a veces entre varias embarcaciones, y allí se les enseña a controlar su luz para que sirva de guía. Los fareros insisten en que son felices en cautividad, pero algunos escapan, como el de Cartagena, en 1877. Este faro causó varios naufragios al llevar a esos barcos hacia unos acantilados, dicen que para vengarse.