Holocausto político

Somos todo lo que queda del gobierno: el ministro de agricultura y pesca, que se encarga de nuestra manutención, y yo, ministro de defensa, que protejo nuestra posición con mis prismáticos y esta cucharilla de café. Al estar armado, he asumido la presidencia, en una decisión discutida por mi colega, pero aceptada tras la amenaza de sacarle un ojo. Somos lo único que queda de la civilización y, al ser dos ministros macho, no podremos procrear. Pero venceremos a esa horda de zombis. Su infección es lo único que explica que no saliéramos reelegidos. Parecen normales, pero no pueden serlo.