La voz

A mí es que me gustaba escuchar su voz. Me gustaban las risas, los gritos, los guiños, las carreras.

Escuchaba en ella la felicidad histérica y real de las rodillas ennegrecidas de jugar en la calle, y la improvisación de columpiarse en los brazos de otros con ciega confianza. Había una vida, un mundo, en cada segundo en que se quedaba sin aire y el corazón le latía fuerte en la garganta.

Y por eso me gustaba aquella voz.

Cómo todo se suspendía hasta que empezaba a anochecer y regresaba a casa.

Me gustaba tanto escuchar mi voz de entonces.

Archaeology, music, and little else. Sindicalista de la memòria. Non cre qu’a la mort negus plus en port, aver ni arnei, mas los faitz que fei.