Cambiar de opinión

Uno de los mayores placeres de la vida es permitirte cambiar de opinión, asomarte al precipicio de desafiar tu pensamiento, darle un empujón al pilar de tus creencias, para ver si se tambalea un poquito o si se derrumba.

Aunque da miedo —es como perder el suelo sobre el que siempre has caminado, confiado, sin plantearte que después de un pie viene el otro, porque es lo que toca y lo que siempre has hecho—, muchas veces descubres que a pesar de que siempre hayas sido de blanco, no pasa nada si un día sientes ganas de vestir de negro.

Flequillíber. Todo lo que escribo es en mi opinión. Pluviófila. Regaliz rojo, caras B y segundas voces.