Nilo

– Pero, ¿de quién es? –gritó una voz cuando el canastillo pasó por tercera vez.

– Mío no –rio la vieja del primero–. Ya no estoy para estas cosas…

Muchas cabezas habían desaparecido ventanas adentro. Tal vez indiferentes, tal vez culpables. El bebé apretaba los puños, expectante.

– Venga, me lo quedaré yo –dijo Juani, apodada “la Faraona” porque tenía un aire a Lola Flores–. Mejor aquí que en la inclusa.

– ¿Cómo lo vas a llamar? –preguntó Antonio desde el segundo piso.

Juani levantó un poco el pañal para asegurarse de que fuera niño.

– Pues, ¿cómo quieres que se llame? Moisés.

Pasaba por aquí.