De tu mano, siempre de tu mano

De tu mano, siempre de tu mano. Con la cabeza erguida, con la mirada al frente y decidido caminar. Convencido de que es escogida esta sucesión de pasos, de que me detengo voluntariamente cuando tú te paras y de que podría, si yo quisiera, no acompasar mi ritmo al tuyo. Tan bien me he sabido convencer de que he sido yo el que se ha convencido de que te estoy dando la mano, siempre dándote la mano, que ya no creo al que me dice que fuiste tú quien me engañó para llevarme de tu cuerda, siempre de tu cuerda.

Vigués en el popolo di Pekino. Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Estos son mis relatos. Son como son. A nadie los pedí prestados.