Un poco de calor

—El ambiente está enfriando, ¿no creen? -dijo Sole sosteniendo aún el vaso con un poco de soda. ¿Cuántas horas llevaremos aquí?

—No estoy segura, pero la tarde ha caído -respondió Cata mirando hacia el cielo-; una fogata no vendría mal para calentarnos un poco -agregó.

Un relámpago azotó a unos cuantos metros, encendiendo las hojas secas y el tronco de un viejo árbol.

Las tres voltearon sorprendidas, aunque no se movieron de su sitio.

—¡Qué susto! -dijo Magda entre risas-, pero seguro que con eso será suficiente.

Sin prestarle mayor importancia, continuaron charlando hasta que el fuego se consumió completamente.

Miguel Ángel Jiménez

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