Pan o cartas

No puedo evitar espiarle cada tarde. Cuando llega del colegio me dice que no quiere merendar, que no tiene hambre. Aunque yo la veo mirar de soslayo el mendrugo de pan encima de la mesa de la cocina. Y así se coge la baraja de cartas de mi padre y se sale afuera a hacer solitarios y no pensar lo mucho que desearía ese mendrugo de pan y una onza de chocolate (si la tuviéramos en casa). Y yo me pregunto ¿Cuándo podré yo quitarme este hambre con un simple juego de cartas? ¿Cuándo dejaré de espiar a mi hija?

Montse León

 

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