Las cartas son para el verano

Un recuerdo bonito de mi infancia: las partidas de mus en la plazoleta del barrio.

Verano, sentados en el muro y pasando las horas hasta el anochecer; sosteniendo en la mano unas veces treinta y una, otras veces tan sólo un farol; contando las puntuaciones de envites y emocionados por el resultado de un órdago.

Y en ese recuerdo, los “mayores”: Toñito, Paco, Juan, Gero… chicos a los que desde mi pequeñez admiraba como maestros; partidas a las que nos arrimábamos con la ilusión de poder jugar con ellos, algo que ocurría de vez en cuando, sintiéndonos aceptados y agraciados.

Jorge Ordóñez Serrano

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