Lavanda Sterling

Lavanda Sterling siempre andaba preocupada por el futuro de los demás. Cada mañana se sentaba en la terraza de su casa, oteaba el vecindario con los prismáticos, y cuando notaba movimiento, se paraba hasta descubrir quién era, y le echaba las cartas después. Si estas salían bien, lo celebraba con una taza de té. Si salían mal, observaba a esa persona durante un tiempo, intentando descifrar en qué podría mejorar. Después, apuntaba todas sus conclusiones en un cuaderno, que semanas después ser convertía en una biografía extraña y secreta de cada persona por la que se había empezado a preocupar.