Nadie me sigue

Me gusta salir de espaldas de los sitios porque así los demás creen que estoy entrando. Otra ventaja es que puedo asegurarme de que nadie me sigue. Intento no caminar mucho rato hacia atrás porque me acostumbro y, por ejemplo, digo “adiós” cuando me cruzo con alguien o voy a un funeral y felicito a todo el mundo. 

Otras veces entro de espaldas para que todos piensen que me he ido. Nadie me ve, porque se supone que no estoy, y si había alguien siguiéndome se queda en la puerta, asomándose a la calle y preguntándose por dónde habré tirado.