Mierda

Mierda.

Tendría que haberle dicho que tardaría más. No sé. ¿Dos días? Claro que entonces no sería magia.

Dos horas es magia, pero también era tiempo suficiente como para que se cansara. ¿Cómo iba a imaginarme que aguantaría tanto? Si nunca para quieta.

¿Cuánto llevará ya mirando el bote?

Y aún va y se lo cuenta a esos.

–¡Es un renacuajo mágico! ¡Va a convertirse en conejo! ¡Me lo ha dicho John! ¡Atentos! ¡Está a punto!

–Pero si ahí no cabe un conejo –ha dicho Margaret.

Yo me largo. No quiero estar delante cuando se vaya todo a la mierda.

Noble (baturra) y rebelde. Escritora, dicen. Yo soy esa: