El plan

«- Dos monedas de 25.
– Un billete mexicano.
– Un rabo de lagartija.

– Así nunca lo conseguiremos.»

Nos ponían al cuidado de los mayores, pero siempre escapábamos a su vigilancia. Sigilosamente, de uno en uno, para que no se notase. Yo salía la última porque en el fondo quería que me pillasen, pero nunca lo hacían. Cuando estábamos solos poníamos en común nuestro magro botín.

– Pues no se me ocurre un plan mejor.
– Si queremos comprar cinco billetes de tren, hay que esforzarse.

– Las monedas dan para chuches.
– Podemos cambiar la lagartija por canicas.
– …
– Vale. Pero la semana que viene huimos.
– Prometido.

No habrá una sola cosa que no sea una nube.
Todo debe de ser cosa de viento y mentira.