Tarde de té

Siempre había sido así; cualquier tema era objeto de discusión. Incluso siendo muy pequeñas habían llegado a las manos, obligando a su madre a intervenir constantemente. Sin embargo, como hermanas, el amor que se tenían era innegable.

 Esa típica tarde londinense, se citaron para tomar el té y platicar sobre los amoríos de una de ellas. Como de costumbre, una cosa llevó a la otra y terminaron enfrentadas.

—¡Es imposible hablar contigo! -dijo una levantándose mientras se ponía el abrigo y salía a la terraza.

 La otra la siguió de prisa logrando alcanzarla.

 —¡Aguarda! -le dijo-, aún no hemos terminado.

Miguel Ángel Jiménez

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