Pinzas para entender

No hay espacio para las vergüenzas cuando todo el mundo las saca a airear.
En el bloque nos conocíamos todos; la pobreza nos unía, pero también la dignidad, la generosidad de compartir lo poco que teníamos, la resignación de reconocer nuestros límites y nuestro orgullo.
Por eso, cuando empezamos a movernos de edificio, de barrio, de ciudad… el pegamento que nos unía empezó a debilitarse; la escalera no podía ya subirse de peldaño en peldaño; la sal no viajaba fácilmente de puerta a puerta.
Reconstruir la convivencia es volver a imaginar con nuevas situaciones, nuevos desafíos… otros trapos que tender.

Jorge Ordóñez

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