La respuesta

Ansiedad. Demasiada. La espera de esa respuesta se hacía cada vez más larga. Unos días atrás, después de escribir a toda prisa y poner la hoja dentro del sobre, lo dejó en manos del joven mensajero.

 — ¡De prisa!, llévaselo y aguarda por la respuesta -había dicho exaltada, mientras conducía al chico a la salida.

 Tres días pasaron desde aquel momento y nadie se había vuelto a aparecer frente a su puerta. ¿Por qué?, ¿habrá sucedido algo?, ¿no quiso responder?, se preguntaba angustiada.

 No conocía la respuesta. Únicamente le quedaba seguir esperando, viendo por esa ventana, tal vez, hasta la eternidad.

Miguel Ángel Jiménez

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