El gran ramo de Kanagawa

Cuando las flores se ponen de acuerdo para ir de un lado a otro, son poderosas emociones las que las desplazan.

Pueden elegir muchos medios de transporte -algunos, rapidísimos- para causar una gran impresión.

Pueden recogerse en espirales de luz y color y engalanarse para la ocasión.

Pueden agruparse en un crisol o lucir individualmente cual estrella.

Pueden solemnizar el pesar del corazón o elevar tu autoestima hasta arrancar la sonrisa más bella.

Pero esas flores, esa bicicleta parada en medio de la calle, ese chico de rostro todavía por conocer, estaban ahí por una única sinrazón: enamorarse de mí.

Jorge Ordóñez

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