El dolor aún era intenso

El dolor aún era intenso y la necesidad, imperiosa. La había perdido apenas unos meses atrás, pero necesitaba comunicarse con ella, aunque fuera una vez más. Una vieja amiga le mostró la mejor forma de hacerlo, así que, llegado el momento, preparó lo necesario en su rincón favorito e inició el ritual. Los nervios la dominaban, pero cuando sintió el primer movimiento, todo sucedió de manera natural. Era como si tuviera su carita a un costado dirigiéndole una tierna mirada y esbozando una hermosa sonrisa. ¿Eres tú mi amor? -preguntó. Sí mamá -le respondieron-, no te preocupes, ya estoy aquí.

Miguel Ángel Jiménez

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