Desilusión

Un lugar apartado -pensó. El lápiz corre con mayor facilidad cuando me encuentro conmigo misma.

Desde ese balcón, con la ciudad frente a sus ojos, llevaba ya un buen rato, pero la mente no se aclaraba.

Tomó los prismáticos y se puso a husmear un poco a través de las ventanas de los edificios cercanos. Nada, ninguna imagen que valiera la pena desarrollar sobre el papel.

Hizo un último intento para activar las neuronas y extendió el mazo de cartas sobre la mesa. Imposible. Así como su mente, obtuvo una mano de solitario completamente trabada.

Hoy no llegará -se dijo.

Miguel Jiménez

 

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