El estruendo del público

El estruendo del público, sus gritos y aplausos, enmudecieron en mi mente mientras les observaba desde el escenario.
Por fin habia ocurrido. Esto sí que era magia. Era yo la que parecía no creerlo.

Hace quince años fue la primera vez que atraje la atención de una audiencia, mucho más reducida, pero no duró mucho; engalanada con mi mejor vestido y con la capa que me regaló H., la rana no desapareció por más que agité el agua turbia del frasco en que se encontraba.

No me conformaría con una rana.
Un truco al alcance de los pacientes y perseverantes.

Jorge Ordóñez

También de Jorge: “El gran ramo de Kanagawa”.

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