Ocho con timonel

—Oh, James, recuerdo bien aquellos tiempos.
—Sí, Lord Hastings.
—Veloces como rayos, curtidos por el viento y la humedad de este viejo Támesis. Cambridge ganaba por diez esloras.
—Sí, milord.
—Los mejores regatistas, James. Nunca hubo una promoción mejor que la nuestra. Ocho hombres con músculos de acero, y el pequeño y entusiasta Peabody arengándonos sin descanso desde popa. Lástima, murió hace algunos años en un absurdo accidente…
—Lo recuerdo, milord, un feo asunto.
—Maldito caballo.
—Con su permiso, señor: avisto tierra. Llegaremos para el té.
—Perfecto, James, la misma hora que ayer.
—(Y que mañana, milord, y que mañana).