El pescador y el vigía

Les llaman los guardianes del lago. Salen cuando la niebla baja desde las montañas y se posa en la orilla del agua como un muro blanco y espeso. El pescador y el vigía siempre se dan la espalda y nunca hablan entre ellos, la canoa sin remos que los lleva es arrastrada mansamente por la corriente hasta que la niebla se disipa y el lago vuelve a aparecer transparente e inofensivo.

Dicen que si no fuese por ellos nos habríamos vuelto todos locos, desde que vigilan la superficie del agua no han vuelto a escucharse los gritos de los ahogados.