Señorita, disculpe

– Deje usted de seguirme, caballero, o llamaré a la policía.

– Es que, señorita, quería decirle que…

– ¿Qué? ¿Qué estoy paseando por la calle con una oca? ¿Se cree que no lo sé? ¿Que quizás he salido de casa pensando que era un perrito raro? Es una oca. Punto.

– Pero, señorita, yo solo quería…

– ¿Qué? Usted no quiere otra cosa más que soltar el chistecillo habitual: mira, la loca de la oca. La loca de la oca. ¡Largo!

El hombre se dio media vuelta y metió el huevo de oro que acaba de recoger del suelo en el bolsillo del pantalón.

Pasaba por aquí.