Margaret y John

La última instantánea que había de ella era aquella: paseando con un ganso atado a una
correa.

Eran un espectáculo. Los paraban por la calle y les hacían fotos.
—Es John, mi marido —explicaba.

La noticia no tardó en correr como la pólvora: «Una mujer que se ha quedado viuda
recientemente pasea con un ganso que cree que es su marido reencarnado».
Margaret y John ingresaron en un centro psiquiátrico. Ella, en la tercera planta. A él lo
colocaron en el jardín, con otros de su especie. Todavía se los recuerda por las largas charlas
que mantenían hasta el atardecer.

Flequillíber. Todo lo que escribo es en mi opinión. Pluviófila. Regaliz rojo, caras B y segundas voces.