La entrega

Sentía las miradas de todos clavadas en la nuca, le ardían las orejas. Qué vergüenza.

Había intentado mantener firme el paso y alta la cabeza desde que salieron; pero empezaba a valorar que la situación era algo Irregular. No era algo que se viera todos los días. Y todo el mundo mirando. Ni que le salieran tentáculos de la nariz. Qué pasa, ¿no habéis visto nunca pasear una oca?

La culpa era de Pérez y sus maravillosas ideas: camináis hasta el bar, esperáis en la puerta y alguien vendrá a recogerlo.

Hasta ahí… Bueno.

¿Pero quién rayos era aquella señora?