La entrega

Sentía las miradas de todos clavadas en la nuca, le ardían las orejas. Qué vergüenza.

Había intentado mantener firme el paso y alta la cabeza desde que salieron; pero empezaba a valorar que la situación era algo Irregular. No era algo que se viera todos los días. Y todo el mundo mirando. Ni que le salieran tentáculos de la nariz. Qué pasa, ¿no habéis visto nunca pasear una oca?

La culpa era de Pérez y sus maravillosas ideas: camináis hasta el bar, esperáis en la puerta y alguien vendrá a recogerlo.

Hasta ahí… Bueno.

¿Pero quién rayos era aquella señora?

Archaeology, music, and little else. Sindicalista de la memòria. Non cre qu’a la mort negus plus en port, aver ni arnei, mas los faitz que fei.