Passer domesticus

—En esta silla solía sentarse Lucía, pero no creo que le moleste que ahora la uséis vosotros —les dijo María a los pájaros, al mismo tiempo que miraba hacia arriba.

Sacó la madalena que había cogido en el desayuno y la partió en trocitos.

—Mañana os traeré más.

María se acostumbró pronto a la presencia de los gorriones, que la esperaban todas las mañanas, con los picos abiertos.

—A Lucía le gustabais mucho. Decía que el pardal era su pájaro favorito. Tan común, tan cercano, tan de siempre. Como ella.

Pareciera que su amiga los había mandado para hacerle compañía.