La reina

Los peones y demás piezas contrarias avanzaban impertérritas por el tablero hacia la reina solitaria. En ese momento, inesperadamente, ella se asomó afuera y, subida en su alfombra mágica, gritó: “¡Vámonos!”.
Uno de los jugadores se frotaba las manos saboreando ya la victoria segura mientras el otro trataba de encontrar una salida cuando ocurrió algo insólito: la reina del contrincante desapareció del tablero.
“¡Devuelve la pieza!” gritaba el casi vencedor mientras el otro intentaba defenderse balbuceando apenas.
La niña, curiosa por las voces y gritos que llegaban de la calle, no pudo dejar de asomarse y sonreír desde el umbral.

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