Ahí están

Siempre que en su familia la hacían rabiar, se imaginaba que a su llamada acudía una gran nave espacial que aterrizaba en medio de la plaza del pueblo. De ella descendían unos seres con grandes cabezas en forma de bombilla, ojos fieros y largos brazos flexibles, ojalá viscosos. Llegaban a su casa y ella telepáticamente les ordenaba que se los llevaran a todos menos a la abuela y al gato.

Esa tarde se acercó a la puerta al percibir un ruido sordo en el exterior. Por la esquina vio asomar dos largas extremidades llenas de ventosas. Eran ellos. Por fin.

Pasaba por aquí.