Miren, somos nosotros

-Miren, somos nosotros. Cada noche vagamos por el laberinto. Lo extraño es que las bombas no me despiertan; solo hacen más nítida la visión: hasta puedo oler el ciprés y el terror del sargento Alkemade.

-Dígame, señorita Nightingale, ¿está soñando ahora?

-Sí. Sueño que les muestro qué pasa cuando suenan las sirenas. Me hundo en la oscuridad y aparecemos aquí. Les llevo a alguna parte; no sé dónde.

-Es absurdo, querida. Somos cuatro y allí cuento tres hombres.

En ese momento la ráfaga de ametralladora de un Junker 88 abate el cuatrimotor de Alkemade, convertido en una bola de fuego.