El pulso de la vida

Al principio, un sentimiento de miedo y congoja me sobrecogió. Algo que pensaba que siempre sería una parte de mí empezaba a alejarse, de manera incontrolable comenzaba a separarse de mí.
Después conseguí superar el vértigo de aquella distancia fijándome en sus pasitos, pequeños y dubitativos, pero llenos de curiosidad; el asombro surgió dentro de mí.
Finalmente, me fijé en la posición de su cuerpo, presta para desafiar todo aquello que  pudiera encontrarse en el camino. No tenía miedo alguno; yo, en cambio, me sentí lleno de admiración.
Guardo ese recuerdo como síntesis inolvidable de mis futuras vivencias como padre.
Jorge Ordóñez

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