Casi rojo

Caperucita Rosa no tiene miedo. No teme a lobos, ni a leñadores, ni a la oscuridad del bosque, ni a perderse y no llegar nunca a casa de la abuelita, ni a las reprimendas de su madre por haberse desviado del camino. Parece pequeña y frágil – poca cosa, en fin -, pero en su diminuto cuerpecito, que todavía se tambalea al andar con el vaivén característico de quienes se aventuran a dar sus primeros pasos, se esconde un poder único; una fuerza inusitada todavía por desarrollar, y que alcanzará su máxima potencia cuando, un día… pruebe por primera vez las croquetas.

Yo sólo soy un lobo con una piedra…