Volver a la orilla

Era muy pequeño cuando me trajeron al mar. Mi madre me llevaba en una silla de niños para disimular y mi padre nos acompañaba empujando su bicicleta, así la gente pensaba que era un hombre de acción. Dicen que cuando la séptima ola rompió a nuestros pies me deslicé hasta la arena y me dejé ir al agua envuelto en espuma. Mi madre lloró un poco antes de volverse sal y mi padre, sin razón para moverse de nuevo, se convirtió en piedra. Mis branquias temblaron apenas tocaron el mar como un motor que empieza a funcionar. Ahora vivo aquí.