Piensa en el mar

Piensa en el mar, decía.
Hablaba entre susurros adornados,
me acariciaba el pelo
con el mimo secreto de las madres:
Cuando lleguen los días de penumbra,
antes de que los ojos
se te aneguen en agua,
piensa en el mar, decía.
Hazte ola, oscila, elévate infinita
en cresta vigorosa;
con los ojos abiertos
embózate de viento,
déjate columpiar en armonías de plata.
Si caes en la muralla de la templada arena,
enredados los pies en caracolas
o en algas de colores ataviadas,
¡levántate orgullosa,
empieza a andar de nuevo!
Piensa en el mar, decía
inundada de azul,
y después… suspiraba.