La mejor aventura

Todas las tardes, mientras el nieto se entretenía mirando olas o buscando piedras, la abuela pensaba en sus años mozos y en un joven al que amó en secreto y que, un día inesperadamente, se embarcó «para buscar grandes aventuras», afirmaba. Una tarde, en medio de sus cavilaciones, un joven frenó su bicicleta y se detuvo allí junto a ella. Entonces, sin apartar la mirada del mar, él dijo: «no te creas, la mejor aventura se me quedó aquí por vivir». El joven tenía un gesto triste, cansado. Volvió a impulsar la bicicleta y, pedaleando despacio, se perdió mar adentro.