La botella

Todos los días, a la misma hora, tenía lugar aquel extraño ritual. ¿Desde hacía cuánto? No lo recordaba. Había empezado a hacer muescas sobre la corteza de un árbol, para marcar el paso del tiempo, pero se cansó cuando llevaba cien y ya no hizo más. Nunca había sido demasiado constante en nada.

Allí estaban, componiendo una extraña familia de desconocidos. Los tres únicos supervivientes de la catástrofe que habían dejado de ser desconocidos a fuerza de costumbre.

Todos los días se reunían allí, en la playa, esperando que alguien respondiera al mensaje que habían mandado dentro de una botella.