Inefable

—No lo imaginaba así, la verdad —dice ella.
—Yo tampoco.
—Y mira que había oído hablar y había leído y…
—Nada te prepara para esto.
El mar ruge. El niño grita.
—Es tan hermoso… —dice él.
—Es más que eso.
Diminutas gotas de agua les cubren la cara. El niño estira la mano, intentando coger una piedra.
—Es estremecedor.
—Da miedo. Un miedo inmenso.
Hace frío.
—No me canso de mirarlo.
—Ni yo.
—¿Cómo hemos tardado tanto?
—Ya no podría vivir sin él.
Rompe otra ola. El niño se echa a llorar.
—El mar… —suspira él.
—¿Cómo que el mar?

Noble (baturra) y rebelde. Escritora, dicen. Yo soy esa: