Garrapiñadas

Una vez al año, el día de su cumpleaños, bajábamos a la playa papá, mamá y yo (cuando nació Begoñita, a veces bajábamos solos los dos a escondidas, aunque a mamá le daba miedo que nos fuéramos a perder y nos reñía siempre).

Para su cumpleaños nos poníamos la ropa de los domingos —hasta una vez papá llevó su bici nueva—, y esperábamos en la playa hasta que, al caer la tarde, el abuelo, con la barba cubierta de caracolas y las escamas relucientes de agua de mar, emergía de las aguas y me daba un cucurucho de percebes garrapiñados.

Archaeology, music, and little else. Sindicalista de la memòria. Non cre qu’a la mort negus plus en port, aver ni arnei, mas los faitz que fei.