Al habla Leucótea

─…llegamos a una isla donde solo vivía un pastor.
─Tuvisteis suerte, entonces.
─Qué va, era un pastor gigantesco de un solo ojo. Tenía muy mal genio.
─¿No me contaste que le matasteis las ovejas?
─¡Es que nos quería devorar!
─Aun así, no está bien asesinar a las ovejas de un pastor. A veces me da la impresión de que no eres la misma persona que se marchó.
─Por favor, no me hables así delante del niño.
─Si no se entera. Telémaco, ¿te estás enterando de algo? ¡Mira, parece que quiere decir su primera palabra! ¡Di «papá», hijo, di «papá»!
(…)
─Na…die.