¿Quién puede matar a una niña?

Nos miró extrañada cuando nos vio a las dos sentadas, a unos pocos metros de su casa, pero enseguida se sobrepuso. Nos gritó «¡Pringadas, hijas de puta! ¿Os gustó la caca de perro que comisteis el otro día? Estaba rica, ¿verdad? Mañana repetiréis, idiotas. Qué asco me dais».

Entró en su casa riéndose a carcajadas, al mismo tiempo que Aurora llegaba hasta nosotras, corriendo. Lo habíamos echado a suertes y le había tocado a ella. Se sentó a nuestro lado y segundos después comenzó el incendio, con ella dentro.

Aquella tarde merendamos con sus gritos de fondo.

Felicidad absoluta, señoría.

Flequillíber. Todo lo que escribo es en mi opinión. Pluviófila. Regaliz rojo, caras B y segundas voces.