Vacía

Cuando se marchó no era un faro, era una casa normal, como la mía, como todas. Lo que pasa es que si no se atienden debidamente las viviendas, sobre todo las que no se habitan, empiezan a despistarse del hecho de ser hogar y buscan otros horizontes. A algunas les bastan unos pocos ratones y nidos de pájaros en el ático para sentir que sus cimientos tienen sentido, pero esta era una casa demasiado orgullosa para conformarse y una mañana de marzo se hizo al mar.
El faro es tan solo la sal pidiendo cada noche a gritos un habitante.