No pienso rendirme

¡Ay, un campo sin segar! ¡Podré quitarme disimuladamente los zapatos! Se me estaban hinchando ya los pseudópodos.

—¡Margaritas! ¡Cojamos para el jarrón de Sèvres! ¡Con el tallo largo!

Qué mandona es. Y qué cursi.

Ellas no han cogido ni dos margaritas y yo ya llevo veinte.

De algo tendrá que servir tener tentáculos. Para que luego me reproche mi madre: «Hija, es que tú los tentáculos solo los usas para abrazar».

Pues sí, y a veces demasiado fuerte.

Mierda, acabo de estrangular las margaritas. Adiós, tallos largos.

No sé qué hacer con esta fuerza marciana.

De momento ya sé qué hacer con estas margaritas de tallos cortos.

Que le den al jarrón de Sèvres.

Un bouquet para María.