Tasio

—Dio mio, Tommasino, ¿dónde te habías metido?
—Entré en el mar, nonna, para volver a estar un rato con mamá. Esta vez llegué hasta el fondo y pude tocar los peces y otros animales suaves, y algunos rugosos; vi corales y plantas azules que se movían muy despacio, nonna, a cámara lenta, como cuando, antes del verano, los mirábamos en el cine con ella. Busqué bajo las mantas, pero no la encontré.
—Va bene, va bene, Tommasino, ma ¿recuerdas que no puedes entrar en el mar sin compañía?
—Scusa, nonna, solo quería… ¡regalarte este caballito de mar! Se llama Tasio.