Al habla Deyanira

No me siento orgullosa de lo que hice, pero sí que estoy segura de que volvería a repetirlo. Estaba acostumbrada a ser ninguneada antes de que me convirtiesen en yegua, así que tampoco me quejé cuando aquel brujo me maderificó. Rechazar entrar en su cama y morderle la nariz, respectivamente, es poco para tanto castigo

Una vez al día, durante unos segundos, puedo volver a moverme para adoptar otra postura. Nadie puede afearme que utilice ese tiempo para asustar a los niños que se montan sobre mí. Mira, a este le voy a hacer el truco de las crines flameantes.